Melany esperó 19 meses para volver a su escuela en las afueras de Lima, Perú. “No tenía internet, ni computadora. Solo el celular de mi mamá. No podía aprender”, cuenta la niña de 10 años. “Cuando volví a mi clase, me sentí alegre de estar con mi profesor y mis compañeros. No los había visto desde que cerraron los colegios”.

A pesar de haber perdido gran parte de sus clases presenciales, Melany se considera ahora una de las afortunadas. Casi dos de cada cinco estudiantes en América Latina y el Caribe seguían fuera de las aulas a finales de 2021, según estimaciones de Unicef. La buena noticia es que 12 países de la región habían reabierto completamente los centros escolares en todo el país a finales del año pasado y otros, como Panamá y Perú, están a punto de unirse a ellos cuando el año lectivo comience en este mes de marzo de 2022.

Mientras Ómicron amenaza con invertir esta tendencia positiva. Y a medida que la variante de la covid-19 se extiende por América Latina y el Caribe, algunos gobiernos todavía están considerando prolongar el cierre. Pero una cosa que sabemos con certeza es que los riesgos que corren los niños, niñas y adolescentes al no asistir a la escuela son mayores que los de volver a ella.

La pandemia ha demostrado que la enseñanza a distancia debe ser accesible a todos los niños, niñas y adolescentes, pero no puede sustituir a la enseñanza presencial. Los datos de América Latina y el Caribe sugieren que, a pesar de los esfuerzos realizados por los gobiernos, maestros y padres, los menores de edad han aprendido mucho menos durante la pandemia, y en particular los más vulnerables. Por ejemplo, en varios estados brasileños, casi tres de cada cuatro en el segundo grado han visto disminuido su nivel promedio para la lectura, frente a uno de cada dos antes de la pandemia.

El impacto negativo del cierre de colegios va más allá de la pérdida de aprendizaje. Confinados en casa y aislados de sus amigos y de los maestros que les apoyan, la infancia se ha enfrentado a grandes riesgos para su seguridad y su salud mental, y ha perdido el acceso a las comidas y a los servicios sanitarios que se ofrecen en las instalaciones educativas.

Se calcula que 2,1 millones de alumnos de América Latina y el Caribe corren el riesgo de abandonar sus estudios. En una de las regiones más desiguales y violentas del mundo, un niño, una niña o adolescente alejado de las aulas suele correr el riesgo de convertirse en un potencial recluta para las bandas o de verse obligado a emigrar. Las niñas corren el riesgo de ser obligadas a casarse o a quedarse embarazadas, lo que en muchos casos significa ser víctimas de abusos sexuales.

Los costos a largo plazo son elevados para ellos y para la sociedad. Estimaciones recientes, sugieren que el cierre de las escuelas en todo el mundo podría costar a esta generación de estudiantes un total de 17 billones de dólares en ganancias potenciales a lo largo de su vida.

«En una de las regiones más desiguales y violentas del mundo, un niño, una niña o adolescente alejado de las aulas suele correr el riesgo de convertirse en un potencial recluta para las bandas o de verse obligado a emigrar»

Mientras los gobiernos responden a las nuevas variantes de la covid-19, las escuelas deben permanecer abiertas para todos ellos. Es esperanzador ver que las tasas de vacunación contra la covid-19 aumentan en toda América Latina y el Caribe. Unicef anima encarecidamente a los países a que se aseguren de que los grupos prioritarios, incluidos los maestros y maestras, estén totalmente protegidos, y solo entonces consideren los posibles beneficios de vacunar a niños, niñas y adolescentes. Sin duda ninguna….los niños y las niñas deben regresar a clases.

Con información de El País

Por Redaccion Digital

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