Te llaman de un banco para ofrecerte una tarjeta de crédito o de una empresa telefónica para promocionarte sus servicios, y así la lista sigue y molesta porque NUNCA le diste tus datos. Lo que no sabes es que seguramente salieron de una mala protección de datos o incluso de un robo de datos.

Además hay miles de contratos que firmas y en donde das autorización para que se utilicen tus datos para efectos de mercadotecnia, y es que por lo regular, no leemos los avisos de privacidad.

Y como usuarios de servicios y en una sociedad digital esa es una gran parte de la responsabilidad que tenemos, el de manejar nuestros propios datos y en revisar y estar conscientes a quien se los proporcionamos.

También existe la Ley General de Protección de Datos Personales en Posesión de Sujetos Obligados, donde tenemos obligaciones y derechos y dentro de éstos últimos nos permite decir para qué sí queremos, y para qué no queremos que utilicen nuestra información.

Y dentro del tema digital, los hackers, la ciberdelincuencia que se dedica a robar información desde el número celular que fue vendido a un call center para ofrecerte un servicio o para obtener dinero de tus cuentas bancarias, saben que los datos personales son muy costosos, altamente atractivos para la ciberdelincuencia y por eso son el nuevo oro,  tienen un valor, un precio y es muy alto.

Y si bien, en México tenemos una Legislación de Protección de Datos robusta y tenemos una autoridad de protección, el Instituto Nacional al Acceso a la Información (INAI), como dueños de los datos nos hace falta tener conciencia de cómo cuidar nuestros propios datos.

Las leyes son documentos que debemos implementar, y se tienen errores, pero no son un escudo de perfección para que nada suceda.

Como individuo tenemos las mismas amenazas que las empresas. Hoy vivimos nuestra vida prácticamente un 90, casi un 100 por ciento, en un entorno digital, tenemos nuestra información en redes sociales, y almacenada en dispositivos electrónicos, estamos interconectados de muchas maneras.

El celular nos puede indicar cuánto ejercicio hacemos, y cuántas calorías quemamos por día; además nos conectamos en nuestro coche, y podemos conectarnos con la pantalla de nuestra casa e, incluso, con la lavadora para darle una instrucción remota para empezar a lavar.

Este mundo de interconexión lo que genera son puntos débiles en el control de los accesos y esto tiene que ver tanto en el mundo de una persona física, como moral. En general, hoy en día los datos también tienen un valor. Así que ¡cuidado con quién se los das!

O como escribió el abogado Enrique Pons en su columna,: «Vivimos en un ecosistema digital que nos lleva a estar cada vez más conectados a nuestros dispositivos electrónicos, redes sociales, y cámaras. Cada uno de nosotros, es una máquina de generar de datos. Para darte una idea, basta que revises en la configuración de tu teléfono, la cantidad de datos que has consumido en la última semana. Las ventajas para cualquier persona, empresa, corporación, incluso para partidos políticos, de contar con nuestros datos, a efecto de establecer nuevas relaciones con nosotros o predecir comportamientos, permite a quién los tiene, tener una ventaja sobre sus competidores, que se según algunos estudios, se estima sobre el 20%. Aquí cobra nuevamente relevancia la frase “la información es poder”… y dinero también».

Lo que recomienda la Condusef
La Condusef recomienda no realizar compras o transferencias en computadoras de sitios públicos y no responder correos sospechosos.

También sugiere no compartir contraseñas, no perder de vista la TPV en las compras, y no pedir ayuda de extraños en los cajeros automáticos, entre otros.

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